La construcción de la paz
- Julián González. Primer Semestre - Derecho
- 5 may 2015
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A pesar de que las negociaciones de paz son por estos días un tema constante en las noticias nacionales, y los artículos de opinión, día a día, muestran las distintas posturas respecto al proceso y sus avances; el conocimiento general sobre las negociaciones de paz es en la mayoría de los casos precario, por no decir inexistente; los ciudadanos de a pie, todavía pensamos que la paz llegará de golpe en el momento en que se firme un acuerdo en la Habana y olvidaremos 45 años de conflicto (o eso aparentamos con nuestra indiferencia).
Allí radica el gran problema, la paz que se está negociando resulta inútil si los directamente influenciados (los colombianos) no nos concientizamos de que somos parte de la construcción de una verdadera paz, que implica un cambio social profundo, y que no se puede lograr si no hay un compromiso general. Para mí, hay tres procesos fundamentales que debemos seguir si queremos cumplir con nuestro deber moral hacia nuestra patria: i) generar una memoria histórica; ii) informarse concienzudamente sobre el proceso, iii) y comprometerse en la construcción de una paz en Colombia, de la mano, con los dos puntos expuestos, anteriormente.
En Colombia se distinguen cinco procesos de paz que se generaron a lo largo de la historia del conflicto en Colombia. El primero de ellos data del gobierno de Betancur (1982) y su desarrollo hasta el recrudecimiento del fenómeno paramilitar (1990). En este proceso se ve un reconocimiento a la identidad política de las guerrillas y la creación de la Unión Patriótica, que se convirtió en un movimiento reconocido pero que al final fue brutalmente masacrado, siendo ello un suceso vergonzoso para el país. Después, tenemos los acuerdos de Caracas y Tlaxcala (1991) que fracasaron por la poca disposición de las partes en las negociaciones y los conflictos en la agenda de trabajo.
A su vez, es bien conocido el proceso del Caguán de la administración de Pastrana (1999) y la famosa escena de la silla vacía, donde el gobierno de un país se vio ridiculizado, a la espera de la participación de los dirigentes de la guerrilla que nunca aparecieron. Y por último, se tiene el proceso que se llevó a cabo por el gobierno de Álvaro Uribe Vélez en el año 2006, el cual desembocó en la entrega de armas por las AUC, proceso que terminó repercutiendo en un fiasco para los derechos humanos, con la expedición de la ley de justicia y paz. Este proceso, terminó con una falsa desmovilización, a partir de la creación y configuración de las BACRIM.
De una u otra manera, los procesos están conectados, todos fracasaron a su manera, o por lo menos no lograron una paz verdadera, no tuvieron en cuenta el contexto social y político del país y por el apuro insaciable de la paz, se preocuparon más con afán, que con análisis en lograrla. He aquí, donde radica la importancia de la memoria histó- rica, puesto que los procesos anteriores nos dan una luz de cómo se desarrolló el conflicto y cómo se intentó solucionar el mismo. Sin percatarse de los resultados negativos, se puede profundizar en las causales y consecuencias del conflicto; además de configurar alternativas, que no respondan a los mismos planteamientos, que en un momento, desembocaron los fallos de estos procesos.
Sin duda, estamos ante un proceso distinto a los anteriores, que parece que por fin logra una agenda de trabajo, y manifiesta una voluntad real y bilateral para concluir, cuando menos, el conflicto armado. Es cierto, también, que la negociación no se ha dado en el tiempo esperado, empero logra avances que antes no se habían vislumbrado en los anteriores procesos. Igualmente, el gobierno ha decidido mantener una prudencia considerable ante el proceso, para no incentivar triunfalismos, lo cual, ha suscitado en rumores y difamaciones frente a las negociaciones, debido a que se busca una reserva apropiada. Esta propaganda maliciosa se presenta por parte de posiciones políticas como las del partido Centro Democrático, donde muchas personas, con el ánimo de atacar el gobierno y al proceso de paz en sí mismo, producen juicios subjetivos –que propende por presentarse como objetiva– cuya fundamento, no es otro que la oposición política radical.
Todo lo anteriormente descrito, termina generando un ambiente de desconfianza y desinformación frente a las personas que no se familiarizan con el proceso sino que emiten juicios, a partir de lo fomentado por los medios, evidentemente parcializados, y por información no corroborada o manipulada, de ante mano. La solución, pues, es una verdadera búsqueda de información que si no es certificada, por lo menos no sea tan politizada.
El internet es un gran medio informativo para que las personas tengan acceso a los procesos en la mesa de negociación, a partir del estudio y la lectura del acuerdo general; de los acuerdos parciales que se han firmado; de los puntos que ya se han acordado; de cómo se planea la implementación de los acuerdos; de cuáles puntos se han discutido y cuántos faltan; de cómo se discute el proceso y cómo se distribuye la información; etc...
Por ello, es claro que la iniciativa debe ser propia de los ciudadanos, ya que resulta evidente que las personas tienen la capacidad de informarse. Es más, esto se convierte casi que en un deber. Si bien, existe un criterio de reserva, la poca información que sea pública, debe ser analizada, o por lo menos leída. Y es que esto se debe presentar, por el simple hecho que lo que se está firmando en la Habana, Cuba, afectará a todos los ciudadanos colombianos, en todos los ámbitos y esferas La construcción de la paz sociales, políticas y económicas. Sin duda las repercusiones a futuro, la creación de partidos, la aplicación de justicia transicional, y la redistribución agraria, serán puntos de suma importancia para la construcción de la paz y deben ser de conocimiento general en Colombia.
Sin embargo, la parte más importante para el colombiano es el compromiso que debe adoptar para ser parte activa del proceso de paz. Si queremos construir una paz duradera, nos tenemos que comprometer a cambiar nuestro comportamiento como ciudadanos. La verdadera responsabilidad es el compromiso del perdón, sin este mínimo requisito, no podemos siquiera pensar una paz con justicia social. Entonces, ¿Cómo pretendemos <<firmar>> una acuerdo con la guerrilla, si no somos capaces siquiera de sentarnos a dialogar con la oposición? La paz no es un papel que van a firmar el señor De la Calle y los negociadores con las FARC; la verdadera paz, es el compromiso de un cambio social que sacie las brechas sociales y certifique que las armas no son el medio para generar oposición, en virtud de un compromiso de respeto, pero nunca dejando de lado la justicia.
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