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¿Quién es el verdadero terrorista?

  • Ana María Sánchez Silva. Séptimo Semestre –
  • 7 may 2015
  • 4 Min. de lectura

Para nadie es un secreto, aunque algunos quisieran ocultarlo, que nuestro país ha vivido en un constante conflicto armado durante más de 50 años. Empero, a pesar de que existe un consenso frente a la presencia de este conflicto, en lo que respecta a las interpretaciones y posturas políticas del mismo, de seguro, no va a existir un consenso y mucho menos una unanimidad –a menos de que se presente, como es habitual, una influencia mediática que refleja la postura de la oligarquía–.


Una temática que refleja esa disparidad de pensamientos, desemboca en lo concerniente a la violencia y al terror. Como es evidente, se distinguen ambas categorías, pues si bien una subsume a la otra en ciertas ocasiones –el terror a la violencia–, la finalidad de la segunda, es notablemente distinta a la primera. Sin embargo, más allá de generar una conceptualización de estas categorías, lo que realmente propendemos es establecer cómo las FARC han degenerado la idea comunista, en algunas ocasiones, a partir de una particular subjetivación de la idea que acoge el Terror como causa y solución de las problemáticas.


Antes de desarrollar el punto anterior, se debe mencionar que existe una violencia emancipadora que resulta legítima y válida en un contexto actual que se dice democrático. Esto, en virtud de que esa violencia es el medio que va a permitir generar transformaciones radicales en la sociedad y en el Estado mismo –si se permite la expresión–, al señalar un modelo distinto de organización estructural. Además, se considera legítima y válida porque envuelve tanto a la colectividad como al sujeto, la cual, reconoce la dominación de la que está siendo objeto y resulta consciente del cambio transversal y esencial que debe realizar, con el fin de lograr una reivindicación ora en su individualidad como sujeto ora en su colectividad como sociedad. Esta violencia emancipadora fue la que debió haber predominar en grupos revolucionarios como las FARC.


Ahora bien, resultaría ilógico e improcedente –si se realiza un análisis histórico– señalar, determinantemente, que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –FARC–, son un conglomerado de individuos que responden a unos intereses económicos propios y que para su materialización, utilizan medios violentos con propósitos terroristas. Pero, resulta igualmente inapropiado señalar que muchos de sus actuares se han valido del Terror para debilitar y liquidar a sus adversarios, desligando todo ideal emancipador y revolucionario en su prácticas. ¿Quién es el verdadero terrorista?


Sin el ánimo de entrar en diná- micas post modernas, lo correcto es mencionar que algunas de las masacres como las de Bojayá, la utilización de algunas actividades como las del secuestro e incluso la financiación a partir del narcotráfico –aunque sea un tema muy discutible–, reflejan una violencia vinculada al intento de controlar el poder por parte de este grupo de insurgentes, a través de la apropiación de actuaciones que difieren de un proceso que pretende la resolución positiva de las contradicciones del pueblo. En otras palabras, lo que sucede es una degeneración del ideal comunista, en la medida de que pareciera que su presupuesto esencial es el aniquilamiento del enemigo y no la emancipación del pueblo y la reconstrucción de la política de la colectividad. No obstante, lo apropiado también es afirmar que las FARC, siguen siendo un grupo de sujetos que propenden por una revolución, que reivindique a un pueblo sometido a los intereses de la burguesía y la oligarquía colombiana. Esto se evidencia en el proceso que se está llevando a cabo en la Habana, Cuba pero más en relación a los puntos que van a ser objeto de discusión en la negociación. Es decir, que de no persistir el ideal comunista en dicha organización, sería evidente –como sucedió con la desmovilización paramilitar– que los únicos temas para discutir serían las penas que se les impondrían, tras una rebaja por la entrega voluntaria a la justicia colombiana.


En otras palabras, no es justo afirmar que la idea comunista y el Terror, sean considerados conceptos igualables, donde el uno resulta el presupuesto del otro, pues si bien en unos procesos revolucionarios ha sido evidente la idea del Terror, ello per se no implica, la desintegración de la idea en sí misma. Esta falsa idea que se acaba de anular en la afirmación anterior, es el resultado de una batalla constante frente a los modelos y pensamientos anticapitalistas, donde todo sistema contradictorio le resultaba antagónico a la burguesía, y por ende, se hacía merecedor de una propaganda categorizada como terrorista.


Es así, como el propio sistema capitalista ha establecido y fomentado que todo ideal comunista, envuelve en sí mismo, el terror; como si buscar la eliminación de la propiedad privada y la reconfiguración de la colectividad y las políticas que lo moldean, fuesen propias de un sistema terrorista, antinatural y esencialmente distópico.


Peor aún es que los sujetos reconocen como natural esta interconexión que ha introducido la burguesía y los capitalistas, sin siquiera reconocer que ellos son los que están siendo influenciados y coaccionados por un Estado que se mantiene a través del Terror. Esto se presenta en el sentido de que el sistema capitalista adopta todas las medidas policiales y judiciales para sostener y conservar un statuo quo que no responden a la naturaleza real de una sociedad pero si a unos intereses particulares.


Es así, como el pueblo colombiano relaciona a las FARC como un grupo terrorista, pero no reconoce en éste, sus ideales comunistas y emancipadores, ya que ha existido una notable mediación de la burguesía para configurar y construir estereotipos, procedentes o improcedentes – como ya mencionamos– frente a este grupo revolucionario. Lo que olvidan los colombianos y las colombianas es que su Estado, así mismo, ha realizado masacres, ha secuestrado, ha torturado, ha matado y ha sido terrorista, de la forma más cínica posible.


¿Y qué más cínico que el hecho de ser terrorista siendo un Estado? O incluso ¿Qué contradicción más profunda –dirían los que creen al Estado como un factor natural de las comunidades humanas– es que nuestro Estado sea quien por medio del Terror nos conduzca?


Es allí, donde surge la cuestión de sí la idea de Terror es propia del ideal comunista, o mejor si realmente esta idea del Terror es inherente al Estado, puesto que incluso fue él mismo, quien creo está categoría para desprestigiar a las posturas políticas que le contradecían por no considerarlo como natural. ¿Quién es entonces el terrorista?


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